Con humos rojos,
naces,
día tras día.
Frotándote los ojos,
sueles,
sentir melancolía.
Dando tumbos sigues,
resistiendo,
a ruidos infernales.
Sonriendo finges,
alegría,
no estás en tus cabales.
Tu nombre se escribe,
siempre,
con letras capitales.
Grandiosa y conocida,
estás,
en boca de todos.
Eres mi cabida,
siempre,
y de todos modos.
No encontrarás aquí,
nunca,
un camarote.
Hace tiempo me perdí
pero,
me mantienes a flote.
No hay lugar sin ti,
eres,
digna de canción.
Ciertamente,
aquí es donde nací,
siempre en mi corazón,
Madrid